Millones de “millennials” siguen comprometidos y activos en su fe

Los millennials son la generación más grande en Estados Unidos y son los que menos asisten a la iglesia. Pero, las estadísticas negativas no cuentan toda la historia. Muchos millennials viajan al extranjero, para compartir el evangelio por el mundo.

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Cada nueva generación se compara sus padres y abuelos en distintas áreas, incluso en la fe. La diferencia, para los millennials, es haber crecido en la era de las noticias constantes y las redes sociales. “Si tiene 30 años o menos, es probable que su fe en Dios vaya en declive…”, dijo una presentadora de televisión.

“¿Los millennials dejan a Dios? Un nuevo estudio muestra que la gente joven está abandonando la Biblia”, comentó un presentador de televisión. Según un estudio, esta generación tiene bajos índices en asistencia a la iglesia, en oración y en priorizar la religión. Pero, no todo es malo. Cuando se trata de los millennials, millones siguen muy comprometidos y activos en su fe, de una forma única y actualmente están equipados para servir en el campo misionero.

“Esta generación es la más comprometida a nivel mundial que hemos visto. Es la generación más preparada en temas culturales y muchos dirían que es la primera generación global. Dos de cada tres tienen pasaportes al llegar a la edad universitaria. Son tan conscientes del mundo, que están listos para atender al llamado misionero”, indica Tom Lin, director de Urbana 15. Cada tres años, la conferencia urbana une a Intervarsity-USA y Canadá. Estudiantes se conocen e investigan el llamado de Dios al evangelismo mundial. El director de urbana 15 ve un gran interés en la justicia y compasión en las misiones.

“Los millennials se preocupan de forma integral en las comunidades y no solo llevan el mensaje del Evangelio o de Cristo, sino el vivirlo en palabra y hecho. Entonces, vemos millennials más interesados en comprometerse a las misiones integralmente”, indica Lin.

En 2014, las parejas Katie y Jeremy Daggett y Jaclyn y Jake Blair sintieron el llamado misionero y se mudaron a Perú. Ellos encajaron con la Asociación de Desarrollo Urbano Cristiano (CUDA, por sus siglas en inglés). Uno de los objetivos de la organización es superar los ciclos de pobreza.

“En Desarrollo Cristiano Urbano, esa palabra, cristiano, es realmente importante. Hacemos todo esto porque creemos en lo que Jesús hizo hace 2000 años, eso nos da motivo y propósito y realmente espero que en este contexto donde vemos ricos y pobres en la misma ciudad, donde vemos gente que le va bien y a alguien al borde de la pobreza extrema. Esa situación presenta oportunidades únicas y tratamos de abordarlas en CUDA”, comenta Daggett.

Jaclyn, Katie y Jake ponen sus trasfondos médicos en práctica en un hospital local, en un programa de diabetes.

Jeremy ayuda maestros a mejorar su programa de lectura al iniciar bibliotecas en escuelas locales.

“Una de las cosas que vemos, conforme llega el Reino, es que los jóvenes pueden leer mejor y tienen mejores oportunidades para el resto de sus vidas. Eso, en parte, es la reconciliación para ellos y parte de nuestra labor misionera”, asevera Daggett.

Los cuatro usan sus habilidades para mejorar la vida de los peruanos y se enfocan individualmente en la construcción de relaciones.

“Cuando uno ve la vida de Jesús y lo que Él hizo y cómo hizo discípulos, Él se enfocó en pocos hombres e invirtió mucho en ellos y de allí, ellos cambiaron el mundo; solo unos cuantos. Entonces, cuando pienso en mi llamado a hacer discípulos, quiero tener una influencia de calidad sobre pocos y que ellos puedan hacer lo mismo con otros y así, el crecimiento será exponencial”, comenta Blair.

“A veces significa caminar por la calle, ir al mercado, hacer mandados, ir al centro del pueblo y conocer gente nueva. Compartir algo de quién soy, aprender quienes son ellos y eventualmente, ir más adelante en cuanto a sustentar una relación de importancia”, precisa Daggett.

Un compromiso como este trae consigo una serie de retos – desde empezar de nuevo en un ambiente desconocido a criar hijos lejos de la familia.

“Al estar aquí, hemos tenido que aprender un nuevo idioma, una nueva cultura. En realidad, nos sentimos mal equipados para servir a los locales. Lo que pasa es que, a través de nuestra debilidad, Dios nos fortalece. Cuando ocurren cosas para su gloria, sabemos que es Él y no nosotros”, comenta Blair.

“Creo que algo principal (que nos afecta) es estar lejos de la familia. Por suerte, tenemos la tecnología para conversar con la familia el tiempo que queramos y verlos. Ahora, que tenemos un hijo, al estar en Perú lejos de sus abuelos, es más difícil también”, dice Daggett.

A pesar de los retos, estas parejas mantienen su pasión y esperanza por las misiones.

“Siento como el llamado de Dios para nosotros, podría ser el llamado para cualquier cristiano en el mundo, para ser de bendición a los demás y atraer personas a conocer mejor a Dios”, comenta Blair.

“Nuestra oración es para que venga el Reino y que se haga la voluntad de Dios sobre la tierra, como en el cielo. Ahora, estamos en Arequipa, Perú. Entonces, nuestra oración específica es que su Reino venga y se haga su voluntad aquí, en Arequipa, como en el cielo”, concluye Daggett.

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